Miles
de personas buscan una oportunidad para los animales abandonados. Una carrera
hacia la salvación.
No
podemos olvidar sus caras, sus miedos, sus posturas recogidas intentando coger
calor y o refugiados en la esquina para no perder una rayo de sol que les
caliente.
Luego
llega la fría noche, la noche de los ladridos y silencios. La noche muerta,
oscura para avanzar el siguiente día sin expectativas de un calor de hogar.
Se
abandonan muchos animales, demasiados por motivos intrascendentes o por motivos
hasta crueles: Desde un “no me puedo hacer cargo el él”, “hasta un no me
interesa”.
Abandonar
animales a su suerte además de ser un delito es un acto de maldad, crueldad infinita
y éticamente es un hecho que traspasa fronteras sobre el egoismo y la falta de
caridad.
Ellos
se quedan sin entender que castigo infinito se les produce a seres tan
inocentes y agradecidos que en sus jaulas malditas y llenas de mugre quedan
esperando una voz o un cerrojo que abra sus posibilidades de vivir.
Es la
cárcel.
Sin
posibilidades o muy escasas siguen manteniendo el sueño del hogar de una mano
que no les humille, les tape, o les de una ración de alimento sin tener que
competir por un trozo de bolita de pienso, un agua sucia, un rincón lejos del
terror de.
Loque
han perdido ellos, lo han ganado los abandonadores: injustos, ruines, cobardes
que son capaces de entregar al sacrificio a estos animales a una vida sin
esperanza.
Ellos
se han quitado el problema y lo han volcado en el resto de la sociedad que
lucha por una casa donde sean atendidos de sus lesiones, de sus miedos, de su
soledad inentendible porque ellos sienten su realidad en el miedo y la
desesperanza en un cambio brutal de condiciones, que aunque no hayan sido
buenas, tenian al menos un nombre.
Quienes
lo vemos somos capaces de rezar, de encomendarnos a los santos y renegamos de
la calidad humana de quien fue capaz de hacer tan vil acción entregando al
animal como un deshecho, un desperdicio que no merece vivir.
La
impunidad más cruel, es dejarlos en un basurero o un contenedor, que lleve a
los animales a una muerte segura y sin complicaciones.
Gracias
a los salvadores de animales, estos hechos cada vez se denuncian más, se
rescatan de una muerte agónica en un camión y el plan perfecto de deshacerse
del angelito que acaba de nacer o era su mascota durante años, termina por la
redes sociales clamando compasión y urgencia para que no se apague su vida en
la miserable jaula que con el beneplácito de ayuntamientos y corporaciones
ceden como un hotel de cinco estrellas.
Todos
perdemos.
Pero
cuando ganamos?: Su fidelidad, su compañía, su adoración, su agradecimiento, su
incondicionalidad. Si el animal ha sido rescatado no se saben los mecanismos
por los cuales ese animal entenderá que su salvador es algo más que eso, es el
ángel que necesita y entre ambos el vínculo será grande y agradecido por ambos.
Esa adoración es fruto de un agradecimiento multiplicado por cientos de veces.
Acoge, adopta, salva porque su mirada se
multiplicará cada vez que te oiga. Eres su oportunidad, eres tú el elegido y
entre ambos habrá un vínculo gigante que el cielo supervisará en la salvación
del maltrecho animal que ahora tiene un hogar donde esparcir sus lametones y
ladridos de felicidad

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